La provocación es útil cuando no se hace con mala voluntad. En ese sentido es difícil colar la discriminación como una puya amistosa. Pero incitar desde la filosofía a los profesionales de la investigación y la docencia no puede ser tachado de mezquino. En este caso sólo mostraré las quejas de uno de los tantos pensadores que la academia ha rechazado. Y es que muchas veces, más que fungir como un colegio de “sabios”, la academia funciona como una guillotina de vías distintas, como si importara más el statu quo que el conocimiento; los premios y los estímulos que el saber.
http://www.campusmilenio.com.mx/293/opinion/multitud.php
16.10.08
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